La Provenza (Provence) incluye los departamentos de Hautes Alpes, Alpes de Haute Provence, Var, Vaucluse y Bouches du Rhône. Los principales atractivos de esta zona son un clima excepcional, una vegetación y un paisaje muy mediterráneos, y un estilo de vida rural muy relajado. El cielo azul del verano es el atractivo principal, aunque hay pocas lluvias en primavera y otoño. Lo único que desfavorece el clima de la zona es el mistral, un fuerte viento que corre desde el Valle del Rhône, y que puede soplar durante 3 o 4 días ininterrumpidamente. Cuando los romanos llegaron a Galia, quedaron tan deleitados por el clima de las Bouches du Rhône, que hicieron de ella una provincia y no una colonia, como solían hacer.
La variada flora que crece en la región da toda una gama de colores: bronce, verde oscuro y verde intenso. El sol da un color ocre a las viviendas mientras que el suelo de color rojo intenso ha proporcionado los azulejos que siguen siendo rojos, desafiando el color de los rayos de sol de medio día. Las ciudades, su arquitectura, las piedras y los azulejos, todos se mezclan sutilmente a través de Provenza con los árboles majestuosos en las calles y plazas. Sus troncos largos y grises abigarrados y la gracia de las ramificaciones llenas de hojas crean una atmósfera peculiar que no se encuentra en ningún otro lugar. Éstos son los adornos principales de la mayoría de las ciudades, de las ciudades mercantiles y de las aldeas. Los habitantes viven bajo una cortina azul profunda, fuentes cubiertas de musgo, terrazas de café y juegos de petanque. Los periodos de dominación griega y romana en Provenza han dejado muchos monumentos dispersos. Existen ciudades amuralladas en la colina, arcos triunfales, teatros, coliseos, plazas de toros, puentes y acueductos. Aviñón (Avignon) fue durante un tiempo la sede del papado y de ahí que conserve el Palacio de los Papas y muchísimas iglesias. Toda la zona que comprendida entre Notre-Dame-des-Doms en Aviñón y Notre-Dame-du-Burg en Digne está llena de ejemplos de arte cristiano: iglesias, pequeñas capillas y esculturas. Los peregrinos verán a través de todo el territorio magníficas iglesias típicas, arcadas semicirculares, ventanas rosadas, estatuas de Cristo conviviendo con estatuas evangelistas o santos y muchas procesiones de fe. Todas estas estatuas talladas en piedra están tan gastadas por la acción del viento y del sol que parece que fueran de carne.
Muchas de las ciudades y pueblos están marcados por castillos fortificados y torres de vigilancia que se emplearon para protegerlas de las invasiones de los saracenos, los corsarios del Rhône y otras muchas tribus atacantes. Ésta era la ruta de las invasiones por tierra desde el norte y por mar desde el sur. Tarascon, Beauclair, Villeneuve, Gourdon, Entrevaux, Sisteron y muchas otras ciudades tenían una puerta de entrada y una torre que vigilaba hacia el mar. Marsella (Marseille), que fue fundada por los griegos y llamada Massalia, fue utilizada como base para la colonización del Valle del Rhône, es en la actualidad el puerto francés más importante del Mediterráneo. Aunque es una ciudad dedicada al comercio y a la industria tiene algunas atracciones turísticas entre las que destacan: el Puerto Antiguo, la Iglesia de Notre-Dame-de-la-Garde, Unité d'Habitacion (un edificio diseñado por el arquitecto francés Le Corbusier), el Hospice de la Vieille Charité, y por supuesto el Château d'If (una de las construcciones fortificadas más importantes de Francia). La ciudad además tiene una buena oferta cultural y de restaurantes tanto provenzales (muchos de ellos especializados en pescado y marisco) como de cocina internacional.
Las extensas refinerías y depósitos de petróleo dominan las poco pobladas salinas y pantanos salados al norte y al oeste de la ciudad. Pero la tierra no está muerta. Es el hábitat perfecto para varias especies de pájaros que se encuentran sólo en otros pocos sitios en Europa, como las avutardas. En la parte lejana del Rhône está la exuberante área conocida como Camargue, usada para la crianza de ganado vacuno y caballos. También ahí se evapora el agua del mar para hacerla sal, y más recientemente en este suelo se cultiva arroz. Los ganaderos se arman con lanzas en vez de lazos. Las multitudes de pájaros acuáticos están protegidos dentro de la reserva nacional de pájaros, entre ellos se encuentran los flamencos rosa. Cuando en 123 a.C., el cónsul Sextias Calvinus estableció un campamento al lado unas fuentes de aguas templadas en el amplio valle más bajo del Rhône, se le dio el nombre de Aquae Sextiae - conocido hoy como Aix-en-Provence. Otros sitios históricos interesantes son el acueducto romano en ruinas de Pont du Gard y el anfiteatro en Arles. Toda esta región fue pintada con frecuencia por los grandes artistas Cézanne y Van Gogh del movimiento post-impresionista. La combinación de la luz apacible y del paisaje impresionante encuentra eco a través de las galerías de arte del mundo. Cerca de Arles está Les Baux, un pueblo medieval con tradición de caza en lo alto de la colina. Los muchos árboles de olivos encontrados a través de Provenza dan el fruto más popular e importante de la cocina local, un aceite de oliva fino usado extensivamente para cocinar la comida local. El ajo, aunque no es exclusivamente asociado a Provenza, se utiliza más aquí que en cualquier otra parte de Francia. A veces se le llama 'la trufa de Provenza'. Un tercer elemento, el tomate, se encuentra también en la mayoría de los deliciosos platos de Provenza. La cocina varía de región en región. En Camargue el plato característico es el estofado de res. En Marsella se prepara un plato llamado pieds et paquets ('los pies y los paquetes') que consiste en tripas de oveja rellenas de cerdo cocinadas con sal, vino blanco, cebollas, ajo y perejil durante toda la noche. La Tripa a la Niçoise es similar, pero no obstante, es un plato único. Quizás el plato más típico, y que uno encuentra en las mayores partes de Provenza, son los tomates provenzales, una mezcla divina de todas las especialidades provenzales: aceite de oliva, ajo y perejil cocidas al horno en un tomate. Esta combinación se puede también aplicar a los calabacines y a las berenjenas. Todos estos vegetales, junto con pimentón dulce, se encuentran en el famoso ragoût que algunos llaman, por una incierta razón, ratatouille. Éste se sazona también con ajo y por supuesto se cocina en aceite de oliva. La mayonesa, también, mezclada con ajo provenzal, se convierte en aioli, que se sirve con vegetales y/o pescados hervidos. Las codornices, el tordo, la trucha y los cangrejos eran, no hace mucho tiempo, los ingredientes principales de la cocina provenzal, pero los cultivos han hecho escasos estos animales y estos platos ahora se sirven raramente. Gigot (pierna del cordero) es la especialidad local más común. El famoso guisado de pescados llamado bouillabaisse sigue sobreviviendo en la era de la nouvelle cuisine y sigue siendo el orgullo de la costa de Provenza. Así como el cassoulet de Languedoc del cual hay varias versiones, cada una de ellas reinvindicando ser la 'auténtica'. Los ingredientes no son sumamente diferentes - teniendo que ver con la cantidad de azafrán o la inclusión o exclusión de ciertos pescados.
Aunque la región de Provenza no es una gran productora de vinos algunos de sus productos son de muy buena calidad, sobre todo aquellos que provienen de Lubéron. Las cuatro zonas vinícolas que gozan de denominación de origen -Cassis, Bandol, Bellet y La Palette- son conocidas por sus vinos rosados. Todas estas zonas vinícolas están en el l itoral excepto La Palette que se encuentra en el interior, cerca de Axis.