Administrativamente la Isla de Córcega incluye dos departamentos franceses: Haute Corse (Córcega del norte) y Corse du Sud y (Córcega del sur). La extensión de la isla es de 8.720 km² y tiene una población de cerca de 250.000 habitantes. Córcega es uno de los pocos sitios que quedan en Europa que todavía no está saturado de turismo y cuenta con algunos de los paisajes más bellos y pintorescos de todo el Mar Mediterráneo. La isla ha sido descrita como "una montaña en el mar" porque cuando uno se acerca por mar es exactamente lo que se ve.
Córcega es una modernización de Korsai, que se cree es el significado de la palabra fenicia 'cubierto por bosques'. Los griegos y fenicios llegaron aquí 560 años antes de la era cristiana enfrentándose a los habitantes de la isla cuyo origen era probablemente de Liguria. A partir de ese momento, Córcega fue tomada sucesivamente y se vió envuelta en una historia sangrienta probablemente sin igual para un área tan pequeña. Los griegos fueron seguidos por los romanos, los vándalos, los bizantinos, los moros y los lombardos. En 1768, Génova vendió Córcega a Francia terminando así sus 2500 años de disputada propiedad. A pesar de su extensa y colorida historia, la isla es más conocida por ser el lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte.
Es una tierra extraña; las montañas se levantan precipitadamente desde la costa occidental, en la que se suceden los cabos y las bahías aisladas sin apenas playas. A lo largo de toda la costa el mar y la roca se encuentran de una manera impactante. El litoral tiene una extensión de 992 km. El paisaje está formado básicamente por colinas, bosques, montes de granito, naranjos, monte bajo y playas de arena muy fina. Esta combinación ha producido, ardientemente, una lúcidez intelectual y musical extraña entre la gente que es supersticiosa y piadosa al mismo tiempo. El interior no está muy desarrollado, con montañas, y terrenos secos en los que crece una vegetación llamada maquis (del maccia local que significa 'cepillo'). Es un conjunto de arbustos robustos - arbutus, masilla, espina, mirto, enebro, romero, rosales, agave, pistacho, hinojo, brezo, menta salvaje y ashphodel, 'la flor del infierno'. Durante la ocupación alemana (de 1940-44) los combatientes de la resistencia francesa fueron llamados los maquis por asociación con el campo salvaje en el que tuvieron que esconderse, al igual que en Córcega los terrenos del interior proporcionaron refugio en otra época a los bandidos de la isla. Hay una grandeza desoladora en los maquis aunque, por otra parte, la belleza del rugoso paisaje de montaña de Córcega es todo menos desoladora.
Aún queda en la isla una cantidad considerable de áreas forestales, aunque desde que fueran descubiertas por los griegos han sido explotadas para obtener la fina madera del alto pino del laricio, que parece crecer solamente aquí. Son famosos por crecer hasta a una altura de 60m, y son perfectos para hacer mástiles. Córcega es también rica en robles, castaños y olivos. La isla tiene un Parque Regional de Conservación de la Naturaleza. Al norte de la meseta oriental se encuentran las tierras bajas, conocidas con el nombre de La Balagne y dedicadas principalmente al cultivo del olivo.
La capital, Ajaccio, es una ciudad blanca que describe un semicírculo sobre una bahía. Está llena de recuerdos de Napoleón. La parte posterior de la ciudad está rodeada por colinas arboladas. En el extremo norte de la isla se encuentra la ciudad de Bastia que aunque es comercial, también es muy pintoresca. La parte antigua ha conservado sus calles con escalones y pasadizos que desembocan en el Puerto Antiguo. Un poco más hacia el norte se encuentra la playa de San Nicolás, que separa el puerto antiguo del nuevo. El Puerto Nuevo es el verdadero motor comercial de la isla. La gastronomía de Córcega destaca por su sencillez, la excelente calidad de las materias primas, sobre todo el pescado, un uso muy característico de las hierbas aromáticas y sobre todo por sus langostas. En la isla se producen tanto vino tinto como blanco y rosado.
En el interior abunda el pescado de agua dulce y, como se puede suponer, los maquis proporcionan un terreno perfecto para los animales de caza. Se cocinan el jabalí y el jabato, según la estación, asado o guisado con vino tinto, o con una salsa local muy picante, llamada pibronata. Las ovejas y las cabras son abundantes. El cerdo, alimentado con castañas, es típico en la cocina corsa y hacen de él un jamón muy condimentado. Lo extremo del clima corso limita la variedad de vegetales disponibles. A los corsos les gustan los sabores picantes y fuertes y utilizan más especias que las que se utilizan en Provenza. Una sopa de pescado llamada dziminu, como la bouillabaise pero mucho más picante, se hace a base de pimienta y pimientos morrones. En el interior, el pescado de agua dulce generalmente se asa a la parilla y las anguilas locales, llamadas capone, se parten por la mitad y se asan también en parilla al fuego del carbón de leña. Un jamón ahumado y sazonado con pimienta, llamado prizzutu, se asemeja al prosciutto italiano, pero agregando además el sabor de la castaña. Uno de los aperitivos favoritos es el figatelli, una salchicha hecha a base de cerdo secado e hígado. Colocado entre las rebanadas de un pan especial, se tuestan en la parilla al fuego de la madera.