La región de Bretaña incluye los departamentos de Côtes-du-Nord, Finisterre, Ille-et-Villaine y Morbihan. La principal atracción de la región es su belleza salvaje y su cultura bretona. La pesca es la industria más importante de esta costa rocosa donde las olas pueden llegar a alcanzar los 30 metros de altura en Finisterre (finis terrea, el final de la tierra). El paisaje costero es particularmente espectacular en Pointe du Raz y Perros-Guirec.
La cultura bretona es su otro atractivo. La zona estuvo poblada por los galos desde alrededor del 600 a.C.. Poco se sabe de su modo de vida, y de lo que llegaron a construir sólo quedan monumentos de piedra dispersos en toda Bretaña: altares, menires y dólmenes (Carnac es el mejor ejemplo de esto). Más tarde, en el 460 de nuestra era, fueron expulsados por los romanos en la época de Julio César, para ser reemplazados posteriormente por los Celtas. Los Celtas nombraron su nueva tierra Bretaña Menor y la dividieron en el área costera, l'Ar Mor (el país del mar), y las montañas interiores, l'Ar Coat (el país de los bosques). Las dos áreas de Bretaña todavía se llaman El Armor y El Argoat. Los Celtas eran importantes trabajadores de piedra, como puede ser visto en los muchos calvarios sobreviventes, que son elaboradas cruces de piedra talladas. Bretaña emergió de la edad oscura como ducado independiente. Una serie de uniones reales hizo que Bretaña fuera parte de Francia y en 1532 se proclamó la unión perpetua del ducado de Bretaña a Francia. A pesar de lo agreste de su costa hay buenas playas para bañarse en la Costa Esmeralda, al norte de Bretaña, por Dinard, o en la bahía de Sant Brieuc, incluyendo Val André, Etables y St Quay. Algunos complejos turísticos en la playa son St Enogat, St Laumore, St Brill, St Jacut y St Cast. En general, en las áreas costeras se han conservado más características de la manera de vida bretona que en las colinas interiores. Todavía se pueden ver vestidos típicos bretones en algunas partes, el estilo varía levemente de pueblo en pueblo. Las procesiones religiosas bretonas y las ceremonias del perdón que se llevan a cabo en un número de comunidades en varias épocas del año pueden haber cambiado sólo un poco desde las épocas Celtas. Todavía hoy en la región de Plouha mucha gente habla bretón, que es una lengua que evolucionó de los dialectos celtas. La costa de Paimpol consiste en pedazos colosales de roca peligrosos para la navegación, como sugieren los muchos faros existentes. Hay pueblos y playas muy agradables como Perros-Guirec, Trégastel o Trébeurden que contrastan con la salvaje costa rocosa.
Cerca de la base de la península, en Aber Vrac'h y Aber Benoit, el océano se agita fuertemente y golpea la costa, penetrando las olas lejos en el interior de la tierra. Al final de la península se encuentra el puerto natural de Brest, uno de los puertos naturales más impresionantes de Europa, donde también hay un castillo del siglo XIII. Desde Brest hay un canal que llega hasta Nantes, un paseo muy agradable que puede hacerse en barco (aunque no toda la ruta es navegable), a pie o a caballo. El interior de la península consiste en colinas arboladas, granjas, ríos cortos y valles estrechos. Muchas de las llamadas montañas no son más que colinas verdes de apenas 300 metros de altura, aunque tienen el mérito de ser los restos de la cadena montañosa más antigua del planeta. La arquitectura bretona, es más simple que la del resto de Francia, pues tiene más en común con la de Inglaterra o el País de Gales. También tiene varios castillos impresionantes y muchos pueblos amurallados. Las iglesias son pequeñas y simples. Bretaña se beneficia de un clima moderado gracias a la corriente del Golfo que la atraviesa todo el año, aunque la temporada turística es de junio a septiembre. El campo se cubre de flores en primavera, atrayendo muchas especies y variedades de pájaros.

La ciudad de Rennes, la capital antigua de Bretaña, es un buen punto de partida para explorar las regiones montañosas. Dentro de la ciudad destacan el Palacio de Justicia, el Castillo, el Museo de Bellas Artes y el Museo de Bretaña, dedicado a preservar y promover el arte bretón.
Las granjas más fértiles de la región están en la costa norte. Fertilizadas con algas marinas, producen patatas, col, coliflor, alcachofas, guisantes, habas y fresas exquisitas. La calidad de los ingredientes producidos localmente hizo que la cocina bretona fuera simple, de sabores naturales y no cubiertos con elaboradas salsas. Los crustáceos sin procesar (incluyendo las ostras), la langosta, el cordero y la perdiz son particularmente buenos. La sal de la tierra bretona baja agrega un sabor distintivo al ganado y a los cultivos bretones. Las Crêpes (crepes) son una especialidad regional y hay dos variedades distintas: la crêpe dulce para el postre servida con azúcar, miel, gelatina, mermelada o combinaciones (ejemplo: crêpe suzette); y la sabrosa variedad del sarrasin, hecha de harina de alforfón y servida con huevos, queso, tocino o una combinación de varios de éstos (la crêpe se dobla con los ingredientes dentro y se calienta). Pueden comprarse crepes ya preparadas en las tiendas locales. Poco o casi nada de queso se produce en Bretaña, pero la mantequilla más fina del mundo viene de aquí - se sala levemente, no como la mantequilla de las otras regiones de Francia. La sidra y el vino se beben con frecuencia en la comida. El popular vino, Muscadet, viene del extremo sur de Bretaña, cerca del estuario del Loire y de Nantes. Es un vino blanco seco, con sabor a fruta que combina muy bien con los crustáceos, especialmente con las ostras.